jueves, 16 de enero de 2014

Opinión: Comparación: de la liquidación de los trabajadores a su protección


 
Hace apenas dos o tres días el Presidente de Francia, Francois Hollande, anunció en rueda de prensa lo que serán las medidas económicas que, visando salvar la producción y la empresa serán aplicadas de inmediato y hasta el año 2017 en Francia. El día de ayer, 15 de enero, en Venezuela, el Presidente de la República, Nicolás Maduro Moro, en el marco del mensaje anual (rendición de cuentas) a la Asamblea Nacional dibujó las medidas que serán tomadas para proteger el país. Es interesante partir por afirmar que puestos uno al lado del otro, ambos demuestran una crisis económica y social profunda que conoce menos de la separación del planeta en dos mundos, pues somos ahora un solo mundo secuestrado a manos de un minúsculo grupo de personas.

Ahora bien, para Francia los anuncios son básicamente: el aumento de los impuestos similares al Impuesto al Valor Agregado (IVA) llamado allá TVA y la flexibilización del empleo. Sobre el tema son dos las afirmaciones centrales del Presidente que hasta ahora se definía como socialista y entonces asumió ser socialdemócrata para ser conocido ahora por la prensa como social-liberal. La primera, es que debe asegurarse un consumo “más racional de los medicamentos” que entra en el contexto en el que desde la gestión Sarkozy la Seguridad Social es cada vez menos integral y menos incluyente; a la vez, que las cotizaciones familiares serán eliminadas antes del 2017. Para soltarlo el Presidente no se ahorró los eufemismos pues explicó que a menor costo, mayor oferta de trabajadores y entonces, mayor empleo.

¿Mayor empleo o peor empleo? Parece que sin duda la segunda. Ante la movilización de los centros productores hacia países donde, se trabaja por menos, la salida de Francia es ahora que allá mismo el trabajo cueste menos. Esto, es difícil leer cuando uno pasa sólo por el modo turista donde, la realidad se ve, como un espejo del mundo central, amplio en infraestructuras y tecnologías, al lado de nuestro precario mundo periférico.

La situación en Venezuela es distinta pero no menos compleja. Hemos de recordar que llegado el petróleo se abandonó una incipiente estructura agropecuaria que nunca fue ni rica ni suficiente, y que, tan sólo se viene recuperando con la Revolución. Desde ese punto de vista, la industria venezolana es pequeña, reducida, tan sólo en manos de pequeños grandes capitales que han sabido más de una vez poner a temblar todo el escenario nacional.

Hace un par de años que la formula de protección, caracterizada por mantener a precios fijos los productos vitales –o casi fijos- es burlada por la Industria que buscando aumentar ganancias presiona al pueblo para que se levante contra la estructura a su favor. Luego, tras haber sufrido grandes salidas de las reservas internacionales por la vía de pasar a dólares todo lo que se produce y jamás reinyectarlo a la economía local, se estructuró para el año 2003 un control de cambio que se demuestra permeado. 

Esta combinación de moneda protegida, precios fijos –ver subsidiados- y hambre de dólares en las clases medias y altas, no como moneda de cambio sino como bien concreto-, ha creado un contrabando que nuestra pequeña y manipuladora empresa no ha soportado.

Pese a este escenario, la apuesta venezolana para el 2014 insiste en mantener la moneda a un nivel que siga permitiendo el acceso de los venezolanos y venezolanas a bienes y jugando por primera vez al control de precios con una estructura de control de costos que es aún muy flexible y abierta, al lado de sus equivalentes extranjeros pero que sigue siendo sin precedentes.

Mi postura al respecto es mirar por encima de la derecha infartada y frente a la izquierda pesimista que hay que pisar el terreno de la realidad y vaya mi saludo a quien, frente a una situación donde abiertamente algunos apuestan a la empresa sobre el hombre, prefiere a los obreros sobre las empresas. También, el reconocimiento a la humanidad de un hombre que sigue resistiendo el bombardeo de propios y extraños, que le reclaman no ser Chávez, no ser, no ser…, ser quien es.

Caracas

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