martes, 12 de noviembre de 2013

Salario y Consumo


Es en virtud del artículo 2 de nuestra Constitución que Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Esto significa que en nuestro país la acción del Estado no es legítima con tan sólo acatar la ley sino que debe igual e incluso, con más fuerza, procurar, la democracia, el bienestar social y la justicia. Aquello, que sale de una clase básica de educación ciudadana, hay que tenerlo debajo de la manga para cualquier argumento destinado a convencer que, meter la lupa y la fuerza a los establecimientos que desconocen el derecho, no es tan sólo legal sino una orden constitucional que debe acatar el Poder Público Nacional.

Se sorprenderán algunos de saber que la idea del Estado Social no es precisamente “culpa ‘e Chávez” sino que la noción germana recorrió bastante tiempo Europa antes de pisar nuestro Continente y hoy, en medio de la crisis económica que bate desde el 2008 el viejo continente vuelve a ser un tema central para los ius publicistas. 

Así podemos leer, por ejemplo, a Embid Trujo, que desde España plantea “el concepto de Estado Social de Derecho se refiere a las políticas de los poderes públicos destinados a hacer realidad la proclamación a la igualdad que en los parámetros del Estado de Derecho es, solamente, una igualdad jurídica y ahora se pretende que lo sea además material. Con esas premisas, derechos y apoyos a los desfavorecidos, la consecución de la igualdad formal propia del Estado de Derecho, y sobre todo, el planteamiento de la inatacabilidad de las conquistas sociales.”

Visto desde aquí, las acciones que llevan a supervisar que los comercios cumplan con la venta con cálculos de ganancias en bolívares, actuales y legales, constituyen un acto natural para el Estado de Derecho. Pero lo central es que en el ajuste a esta norma se busca proteger el salario como conquista social del pueblo venezolano.

De modo, que el salario deja de ser sal que espera disolverse en el océano y se convierte en el mecanismo mediante el cual el trabajo es el “hecho social [que] goza de protección como proceso fundamental para alcanzar los fines del Estado, la satisfacción de las necesidades materiales morales e intelectuales del pueblo y la justa distribución de la riqueza.” (LOTTT)

Sobre esta comparación hay una duda que surge evidente y es, que la lógica supondría que a mayor salario tiene el comercio más campo y en consecuencia no existe enemistad posible entre estos dos conceptos y aquello, sólo se mantiene si omitimos que en la economía juegan de manera más clara que la oferta y la demanda los intereses sociales y políticos de los participantes.

No es en Venezuela el sector de bienes y servicios una cartera apetecible. Nuestra rudimentaria industria no lo permite. El interés se encuadra en el sector petrolero meta última a recuperar de la guerra económica, así como, bien como lo dice Carola Chávez para el pesar de los “nuevos ricos” que ahora juegan para la derecha, entre la gente rica no vale el dinero sino el abolengo.

Así, con la multiplicación por miles no se busca aumentar las ganancias pues, podría sostenerse que más se gana vendiéndole “mas a más personas” que “menos por más a menos personas” pero si se mantiene la ley del menor esfuerzo y la de la mayor distancia. Un poco en una lógica de la aristocracia decadente, para la oligarquía es mejor si las clases bajas comen perrarina, y, si en vez de lavar a máquina lo hacen el río.

¿Por qué? Porque a mayor miseria mas necesidad de trabajo y cuando esto pasa, la gente estudia menos y al estar menos “capacitados” su trabajo es más barato y vuelven los tiempos de Señores y privilegios, condenándo para siempre esta socialista aventura de igualdad que “culpa’e Chávez” los carga por acá.

Caracas

lunes, 11 de noviembre de 2013

La economía justa




¿Cuánto recibe al día el pescador?, ¿cuál es el pago del jornalero del campo? ¿Cuántas veces gana, el que vende un producto importado? Aquellas son las preguntas que nos absorben.  Detrás de cada medicina que desaparece de un stock o de la formula maternizada que sólo viene en la versión Premium o del arroz enriquecido o de las vacas que han mutado en cosas maravillosas, porque donde no hay leche sobra la chicha, el yogurt y la cuajada. Existen los crujidos de un poder que busca reacomodarse.

Evidentemente, cuando la Revolución ha sido una constante de obras concretas y observables, la oposición para convencer al pueblo que la derecha es una oveja (y no un lobo) tiene que trabajar en mezclarle asuntos, presentes y pasados, propios y ajenos.

Así por ejemplo, es cierto que la lista de juguetes en el mercado comercial ha adquirido precios absurdos: una bicicleta dice el vendedor que cuesta entre cinco salarios mínimos o noventa y tres unidades tributarias. Por demás repite que eso no es nada, total, el dólar negro está en no sé cuánto, como olvidando que en Venezuela el precio de las cosas se mide en bolívares porque así se cobran los servicios esenciales y los productos centrales de la alimentación.

Esta situación en la que las necesidades del consumo no son reconocibles en las practicas de la oferta nos devela que el capital no tiene banderas y también, que lo de la oferta y la demanda, no es sino un cuento “atrapa bobos”. Por lo cual, fuerza es de admitir que la Economía está inmersa en la realidad y que no es un sistema cerrado y autocontenido; que los intereses que generan comportamientos competitivos no son necesariamente complementarios y armónicos, así como que los mecanismos de decisión que usan los individuos están influenciados por valores, emociones, juicios y prejuicios, y no simplemente por un preciso cálculo de interés propio.
¿Qué interés existe detrás de la orden de retirar las etiquetas a los productos en las tiendas? Aquél de poder aumentar sin compasión el desespero de la cartera familiar para así someter al Estado a aumentar el gasto en nómina para disminuir la capacidad de inversión. Allí, que los anuncios del Presidente demuestren un estudio científico del fenómeno, pues, no se agota el problema con aumentar salarios o pagar pasivos laborales, si la vorágine de la especulación no tiene normas que la contenga.

¿Qué normas se necesitan? Aquellas que entiendan que hemos mutado de forma de Estado. Pues la cualidad de Estado social y Democrático de Derecho y de Justicia, llama a proteger en permanencia a los débiles jurídicos y a hacer entender que es la redistribución para garantizar los derechos de los todos, la regla constitucional fundamental del asunto económico.
Caracas
@anicrisbracho

A desalambrar. Apuntados


miércoles, 6 de noviembre de 2013


En el frente del Tribunal una señora vende teléfonos robados.
En la esquina del Banco Central un pregonero ofrece dólares y euros.
El día que el patrono firmó el Convenio Colectivo chilló el sindicato.
Ellos entraron con la Revolución y se convirtieron en petits-yankees.
Ella trabajaba con rabia porque libraba al día siguiente.
La ama de casa defendía del inspector de precio al panadero especulador.
El metro se detenía por la cola.
En el aeropuerto los vuelos subían cada día y los pasajeros no bajaban.
Ella se despedía de su amor, el volvía a amarla.
Ella se quedaba sin corazón.

En la oficina la jefa temía de sus empleados.
Los empleados disponían la agenda del patrón.

El mensajero ordenaba al Director que se esperara
El diputado se defendía del técnico.

A todas luces, con los vientos de navidad
La navidad no se acercaba, menos el cariño
Menos el perdón.

Leonarda


A Desalambrar
Leonarda
Ana Cristina Bracho

El miércoles pasado Francia amaneció de escándalo. Pese a tener un gobierno que se declara socialista la persecución de los extranjeros y de los gitanos no ha parado. Los hechos son bastante sencillos, contra una familia de romaníes se dictó la decisión administrativa de deportación de todos sus miembros. Pero al ejecutarla, Leonarda, la hija adolescente,  estaba en el colegio y fue a buscarla la policía.

Siendo la prohibición de la discriminación por origen étnico una regla central del derecho universal, cabe preguntarnos qué ocurre dentro del hexágono. Entonces vemos a un gobierno socialista que nada entre las corrientes y los intereses de la derecha mientras la población vive entre el legado jurídico, administrativo y social que dejó el gobierno Sarkozy.

Cuando uno toma este hecho como lo que es, un atentado contra una niña perpetrado por un gobierno se pregunta qué pasa con la lupa que mira con tantísima rabia a cualquier Estado islámico que no cumpla las leyes de la paridad o conserve tradiciones vejatorias contra sus miembras, cuando le toca mirar hacia adentro, porque de pronto, se relaja.

Más allá que a Leonarda y a su familia la proteja la opinión pública de la deportación, actos como estos nos hablan de los juegos de colonos y colonizados, que caen bien considerar en octubre. Pues aun si sus publicidades imperialistas nos cuentan que todo lo europeo es mejor que lo nuestro, vemos en esencia que problemas que nos achacan como únicos de la periferia son propios de la humanidad. 

Así, la justicia se tarda en todas partes, todos los países tienen leyes que no todas las veces son justas, y, mantienen voraces prácticas contra sus miembros más débiles. Europa pasa así los días agonizando los tiempos en campañas mediáticas, compungidos por una crisis económica global mientras la humanidad se debate entre milagros y barbarie, con la tristeza que en el nuevo año las cosas allá no parecen simplificarse. 

Por ello, a la Revolución Bolivariana como a Leonarda sólo la salvaran de los señores de lobby, la organización de las personas en concienzuda resistencia pues de nada sirve que tras tanto esfuerzo vayamos a una Venezuela europeizada por anaqueles repletos de comida que no puede pagar la gente, o, se termine como en Chile, como en Argentina y tantos otros ejemplos a no saber imitar, ni ahora ni después.

Caracas
@anicrisbracho

Este artículo NO apareció en el Correo del Orinoco

Las consecuencias de nacer


A Desalambrar
Las consecuencias de nacer
Ana Cristina Bracho

Pocas cosas son tan claras en el mundo moderno como las diferencias que se generan de nacer en un sitio. Pues, un golpe de mala suerte nos lleva a pisar tierras destinadas a servir de almacén de otros países, o,  una buena estrella nos puede dejar en el epicentro de la humanidad. Pero ¿puede una persona ser ilegal? Según el Diccionario de la Real Academia Española, ser ilegal significa “contra ley”.

Pese a que haya quien manifieste lo contrario es completamente incoherente decir que los derechos humanos son universales y permitir que Estados determinen como ilegales parte de las personas que habitan, permanecen o entran a su territorio. Estas políticas han generado, por ejemplo, la muerte sistemática de marroquíes que intentan llegar a España y de mexicanos que se trasladan a México, y hoy pisan Nuestra América cuando la oligarquía de República Dominicana desde un Tribunal ordena quitar la ciudadanía a miles de hijos de inmigrantes haitianos nacidos en República Dominicana.

La decisión en su argumento grueso es menos aberrante que leída en su totalidad pues aspira su aplicación retroactiva a todos quienes desde 1929 hayan nacido en estas circunstancias, ordenando que la Administración se niegue a emitir a su favor actas de nacimiento y ciudadanía, lo que equivale a negarles el derecho al nombre, a la nacionalidad y a la igualdad ante la ley.

¿Puede serse un humano en la biología y en la sociedad sin serlo para el derecho? La verdad es que algo de eso se escapa cuando se analizan más a fondo las estructuras y las tendencias jurídicas en la era neoliberal. Pues sin que nadie ponga reparo a estas situaciones se admite con facilidad que las empresas son personas que ameritan igual protección que los humanos.

¿Igual o mayor protección? Lamentablemente son muchos los ejemplos que encontramos que la protección de las empresas es mayor que la de las personas naturales. Así se repara primero la crisis a los bancos y lo que queda –si es que queda- para las familias… ¿contra esto? El nuevo derecho, la nueva América y el rechazo de un derecho antinatural como el que se desarrolla en República Dominicana.

Caracas
@anicrisbracho
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