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jueves, 23 de mayo de 2013

Cuentan.


Cuentan que en Alemania los judíos conformaron una clase prospera. El judío era el médico del hijo, el abogado del padre, el vecino de la señora, la panadera de la esquina, pero para algunos, un grupo, unos tantos que no llegaban a ser muchos eran inconvenientes y molestos. Contra los judíos se alinearon las imprentas y los discursos, y luego un par de señores acompañados con sus señoras que no leyeron sino la prensa y el catecismo comenzaron a culparles y a temerles, luego les cerraron las puertas de las tiendas, les negaron el subir a los buses y a los trenes, dejaron que se los llevaran y lo agradecieron. Sin médicos pero un tantito más seguros, resguardados por el manto de la muerte de quienes habían conocido, los alemanes y las alemanas necesitaron décadas y fotos, películas para entender lo que habían hecho pero ya no eran ellos, eran sus hijos. Al rato se escribió un pasquín igual pero no eran los judíos sino los árabes y no eran los abuelos sino los nietos y estalló en el mundo la islamofobia.


Cuentan que Ruanda es un país de mil colinas habitadas por primates inteligentes, cuna presunta de nuestra humanidad. Cuentan que lo habitaban las tribus desde siempre y hasta que llegaron los belgas con sus papelitos para distinguirles y sembrarles un odio que los llevó a imprimir pasquines, cerrarles las puertas de las tiendas, negarles subir a los buses, hacer programas de radio y llegaron noches de fuego, que se llevaron a la mitad del país y los otros callados, agradeciendo.

Cuando el odio entra, cuando nos vamos convenciendo de que es justo y necesario. Más justo y más necesario que el amor, que la diferencia pesa más que la similitud y que vale la pena protegernos de todo y de todos, nos vamos olvidando. Borramos las causas que nos han hecho una Nación, una sola especie entre todas las especies, un solo planeta entre todos los planetas.
Cuando se vocifera pidiendo que saquen a alguien de un restaurant, que lo saquen de un estacionamiento, que lo bajen de un ascensor, que no le dejen abordar un avión caemos en el ciclo perpetuo que nos ha hecho la más perfecta y letal, arma de destrucción.

jueves, 4 de abril de 2013

Entrevista que Milagros Socorro hizo a Henrique Capriles en 1999

Es una paradoja: buena parte de las simpatías que adhiere Henrique Capriles Radonski le han sido granjeadas por su capacidad para ser percibido como alguien distinto; pero cuando se le conoce personalmente se tiene la impresión contraria: Capriles Radonski es más bien igual, igualitario, igualitico, igualazo… ¿A quién? No a los bichos de quienes él quiere diferenciarse, claro está; a esos no se parece y varias veces al día refrenda el compromiso de distinguirse de aquel bichamen que sabemos. Él es igual simplemente porque no es diferente, porque parece evitar cuidadosamente la singularidad, cualquier cosa que lo haga discernible en una fotografía de grupo.

Capriles Radonski es distinto porque es correcto. Y las cosas le salen bien, ah. Pero nada más. Aunque apenas está comenzando su carrera cabe apostar que nunca tendrá este Capriles una actitud destemplada o hará una declaración de ésas que sin terminar de leer el párrafo ya el lector de prensa sabe quién la ha expresado porque le conoce el estilo, el tumbao, las mañas. Nada más lejos en este caso. Henrique nunca nos va a sorprender y es de temer que jamás tendrá estilo (no uno propio, al menos). Lo más probable es que cuando ya tenga treinta años en la escena política todavía estemos preguntando: este muchacho Capriles, ¿cómo es que se llama… Ricardo… Fernando… Ernesto…? Henrique. Se llama Henrique y ofrece al mundo una personalidad desdibujada, a contrapelo de las marcas individuales. Digámoslo de una vez: Henrique es un buen muchacho, qué vamos a hacer. Es el tipo de hombre que uno no querría para una, sino para una sobrinita que es muy hacendosa, muy callada ella.

La verdad es que Henrique es un buen partido. Eso seguro. Probablemente no haya uno mejor en el país porque Henrique es trabajador, es ahorrativo, es respetuoso con las damas, es blanco, admira al Papa, es católico… ¿Cómo? ¿Henrique es católico? Pero si su mamá es judía…

-A pesar de que mi madre es judía -explica Capriles Radonski- y de que mi composición genética es en un 75% judía, yo soy católico. Mis padres decidieron casarse por la iglesia católica y asumieron el compromiso de formar a sus hijos en esta fe hasta que tuvieran la edad de decidir. Yo decidí. Soy católico.

-¿Es circunciso?
-Sí, lo soy. Pero eso no tiene nada que ver con el rito religioso sino con una cuestión sanitaria. Además, me lo hizo un médico, no un rabino.

Al Señor, que me ilumine
El asunto de las diferencias que separan a Capriles Radonski del político medio venezolano, ese que se ha convertido en el anatema de la opinión pública en la actualidad, es recurrente en el discurso del propio Henrique y de quienes se refieren a él como figura curiosa. El joven se ha montado en la ola, robusta y vistosa, de que no se allega a las funciones públicas por lambucio y ese solo hecho parece ser asombroso. 

“Soy distinto básicamente en lo que a mí me motiva a estar aquí”, confirma. “Mis intereses son diferentes. Yo no tengo necesidad económica que me movilice a estar aquí. No soy rico pero nací en una familia que tiene recursos”. Con esto Capriles quiere dejar claro que no se ha puesto donde haiga sino que tiene lo que él llama -muy correctamente, por lo demás- vocación de servicio. “Me gusta servir desde una posición pública y pro eso estoy aquí. Tampoco siento que le estoy haciendo un favor a Venezuela por el hecho de estar en el Congreso. Yo aspiré venir al Congreso, la gente me eligió y por eso estoy aquí”.

A ver: la gente lo eligió diputado ante el Congreso Nacional (partiendo de una postulación por el estado Zulia) pero luego resultó electo presidente de la Cámara Baja en una carambola que dejó a todo el mundo patidifuso, empezando por él.

-¿Qué se le vino a la mente cuando se dio cuenta de que se había convertido en el presidente más joven de la Cámara de Diputados?
-Una de las cosas lamentables de cómo la gente ve la política hoy por hoy es que cuando tú tratas de ser sincero y dices las cosas como las piensas, nadie te cree y todos piensan que es demagogia. Yo te podría decir que le recé a Dios y le pedí que me iluminara. Y muchos pensarán que se trata de un discurso calculado para hacerme una determinada imagen. La verdad es que yo creo mucho en el de arriba y, cuando surgió la posibilidad de que yo fuera presidente de la Cámara (Baja) pensé que si eso se había dado era porque el de arriba quería que yo estuviera en esa posición y cumpliera con mi deber. Yo creo mucho en eso: si la vida me puso ahí es por algo. Solamente el que está arriba sabe cuál es mi verdadera vocación, cuál es mi verdadero interés al estar aquí. Es posible que también mi familia lo sepa: ellos saben que esto no es un capricho y que yo pudiera estar dedicado a otras cosas.

-¿Se asustó?
-Por supuesto que estaba asustado pero también pensaba: si la vida me puso en este escenario, por algo será. Y lo único que le pido a Dios es que me ilumine y que me ayude a mantenerme siempre sujeto a mis principios.

-¿Hasta qué posición lo orientan sus principios?
-No tengo ambiciones desmedidas y si mañana me toca ocupar una posición menos relevante que ésta no lo veré como un descenso sino como una experiencia más. Yo quiero resultados, no me veo a mí mismo como un orador de oficio.

-Dado que tiene usted excelentes relaciones con sus primos Capriles, incluida la rama que está dedicada a la prensa, ¿ha sentido la tentación de dedicarse al periodismo?
-El periodismo es una de las carreras que siempre me han llamado la atención y cuando me tocó decidirme por un oficio pensé seriamente en el comunicador social. Pero me hice abogado. Y ahora, bueno, no digo que no me acercaría a la Cadena Capriles, digo que no lo he pensado. Yo pienso básicamente en la política porque nací para esto, para hacer política de una manera diferente. Una de las cosas que aplaudo del presidente Chávez es que reanimó a la gente; la política empezó a vivir otra vez. Y dentro de ese cambio de escenario, vendrá una participación de la sociedad civil, de la gente y no de los politiqueros de oficio. Yo siento respaldo de la gente, no de ninguna organización política y mucho menos de un cogollo.

En plan mochilero
Como es evidente, Henrique Capriles Radonski nació el once de julio de 1972. Mide un metro 76 centímetros; pesa 72 kilos; usa camisas con cuellos número 15 y gasta con pasmosa frecuencia zapatos número 9 y medio. Para mantener esa estampa de torero, va al gimnasio con cierta periodicidad. Pero no es probable que engorde porque Capriles no es hombre de excesos, es más bien austero, rayano en lo frugal: come poco (su almuerzo suele consistir en una hamburguesa que compra en algún puesto de comida rápida de las inmediaciones del Congreso); su trago habitual es un ron con soda que trasiega sólo en fiestas; no come carnes; detesta la mayonesa y no admite salsas en sus sándwichs; tampoco tolera las frituras. No toma bebidas achocolatadas y en cambio adora los cereales. En una palabra: es maniático con la comida. No es de extrañar que no le guste cocinar.

Su número cabalístico es el once. Lo persigue en números de vuelo, de asiento de avión, de habitación de hotel y cuando se pone al borde de una ruleta. También lo procura cuando se juega un kino y algún terminal. Pero Henrique no tiene demasiada suerte en el juego (él comenta, muy pizpireto, que debe ser porque la tiene en el amor). En fin, Henrique no toma vitaminas (lo único raro en él). No fuma, nunca lo ha hecho. Nunca ha consumido drogas “ni he tenido curiosidad. Alguna gente dice que si no has fumado mariguana no has vivido. Pero no creo en eso para nada”.

-¿Ha vivido?
-¿Yo? Oye, bastante. Baste mencionar que conozco casi todo el mundo. He viajado mucho, he tenido esa suerte.

-¿En plan Holliday Inn?
-Para nada. Una vez hice un viaje por toda Europa en plan mochilero. Estuve en 37 ciudades europeas y lo recuerdo como una experiencia extraordinaria.

Yo tengo mi carnet
Cualquier día de éstos abrimos el periódico y encontramos a Henrique vestido de novio al lado de Natalia Gómez (una de sus metas es formar un hogar y tener hijos) y ya hace cuatro años que sale con esta espigada administradora que “me da absoluto respaldo en mi trabajo”.

Henrique ignora qué cosa es la Fania All Star. Ni tiene por qué saberlo porque cuando la Fania difundía la música del que está arriba, para usar sus palabras, él se babeaba en la ropa al cambiar de dentición. Muy vagamente recuerda que Celia Cruz es cantante; jamás ha visto a Sandro en televisión ni sabe qué cantaba el argentino del inmenso copete. De Joselito no había oído ni hablar y tampoco de Marisol. Todo esto para concluir que Henrique es distinto también porque tiene otras referencias culturales.

-Me puedes preguntar por Aditus -concede- pero no por mucho más porque no soy amante de la música. Bueno, cuando voy a una discoteca bailo pero no soy de los que tienen pegado en su cuarto un póster de Guns and roses o de Kiss o de Queen.
Lo dicho: Henrique no es el hombre que en una noche de rumba se quisiera para una; sino para cierta cuñada parapléjica, muy devota de San José y admiradora del doctor Caldera ella.

Pero hay algo que Henrique tiene y que despierta la codicia del personal: lejos de participar de la carnetocracia del puntofijismo, él practica la carnetocracia del Circuito Radonski -el negocio familiar- porque ostenta un cartoncito que le permite pasar olímpico frente al colector de boletos. Henrique, pila de envidiosos, no paga en el cine y se limita a pasar ante la taquilla con cara de junior y ese cuerpo de jockey. Y hasta pudiera sacarles la lengua a los empleados sin consecuencias (cosa que él no haría jamás porque Henrique no es de ésos). En fin, que pueden pasar sin pagar tanto él como su acompañante.

Henrique encarna las fantasías de las chicas: ¡un muchacho tan bonito, abogado y todo, que traspone las puertas de los cines como un emperador y que sólo se detiene para comprar un carretón de cotufas…!

-Cotufas no -aclara Capriles- muy grasosas, muy saladas, no sé. Lo único que llevo a la sala es un tobo de refrescolight, porque el otro me resulta demasiado dulce.
Lo que tú digas, papi. Henrique no tiene miramientos para desechar lo que no le gusta o lo que le molesta. Y como es alérgico a tantas cosas: a las alfombras, a los chocolates, al polvo… Qué vaina. Todo el tiempo anda con dificultades respiratorias, a veces tan agudas que tiene que respirar por la boca.

-O sea, que usted ronca.
-Bueno, no. A veces.

-Cómo lo sabe. ¿Quién se lo ha dicho? Tengo entendido que usted es soltero.
-Mi mamá no es que duerma a cinco cuadras de mi habitación. Yo duermo en mi casa y mi habitación queda muy cerca de la mi madre. Si yo roncara ella me lo diría.

-¿Y acaso usted siempre duerme en su casa?
-Absolutamente. Salvo que me haya metido una parranda hasta las seis de la mañana. Pero si la parranda termina a las tres de la mañana, voy a mi casa a dormir. Yo respeto mi casa. Respeto a mi papá y a mi mamá; mientras viva con ellos acato las normas de la casa. Alguna vez, mientras era estudiante universitario, permanecí fuera toda la noche preparando algún examen. Pero de ahí a otra cosa, ¡ninguna! Soy una persona seria.

-Pero serísima.
-Lo que no implica que no he vivido.

-A que no se ha disfrazado.
-Pues fíjate que sí. Ya crecidito, pasados los 20, fui a varias fiestas disfrazado de cavernícola.

-Claro, van a decir sus detractores, de que más se va a disfrazar un hombre tan conservador y encima copeyano.
-Eso no es justo. Ha sido tradicionalmente una característica de Copei tener una élite intelectual. En Copei hay mucha gente preparada y eso lo saben todos los venezolanos. De todas formas, no soy copeyano.

¿Y le gusta la música llanera?
-Eso sí que no.

 Publicado en la Revista Exceso, en junio de 1999

jueves, 7 de febrero de 2013

Esa extraña ciencia de la economía


Existen muchas causas por la cual no me gusta hablar de economía, en especial porque al escuchar proyecciones suele contraerse mi estomago y se me acelera el corazón. El asunto es complejo y cada vez que un economista habla el asunto es dar vueltas sobre cómo llenarnos de cosas que nos limitan la vida. Además son tan parcializadas sus visiones que todos se pretenden objetivos.
Mi experticia que no es mucho mayor a haber sido satisfactorio mi desempeño en el estudio de sus fundamentos y en la asistencia regular a los mercados, y las complicaciones nuevas como pagos de seguros y de intereses de tarjetas que son instrumentos para el autoconsumo que lleva a quedar de puntitas en la línea del desespero.
Mi deseo es un botón que los silencie, tan llenos de cosas de decir como carentes de acciones. La economía me resulta una bolsa de predicciones sobre especulaciones. ¿Predicciones sobre especulaciones? Pues si, tan poco importante y relevante como eso.
Mis impresiones entonces tan burdas, son mi incomprensión de la relación entre el monto que me depositan de cestatickets, lo que dice el banco central y lo que dice el panadero, donde siempre sale sacrificada mi cuenta de ahorros.
Desde ésta óptica me he comido a mordidas, literalmente, lo que debería ser mi ingreso para vacaciones, que una las ve, hasta el día que las pagan, como un baño de arena cubierta de un fantástico sombrero de alas anchas y que la se diluyen en pagos eternos.
En eso es que se desliza el lápiz en el día tan banal que he tenido, pues si poco entiendo aquello menos entiendo quiénes se endeudan comprando a tres veces el precio, lo que fue calculado a varias veces su valor, a los vendedores y vendedoras de pasillo de oficina.
“te vendo el traje de baños que usaron las Misses”, “te vendo una tableta que da patadas”, “te vendo un pase a una fiesta de la oficina” todo al módico precio de dos veces –o tres- lo que cuesta.
Yo, sólo miro sin profundidades la caída de la cuenta, la rabieta con la aseguradora, la promesa de pago que no ha sido. Yo sólo miro, boff, la economía como ciencia del espanto y del alboroto.
Al final de mi nota cadivi no ha aumentado las divisas, ni el gobierno la gasolina y todo ya cuesta el doble de lo que costaba a la primera letra. La guerra a la especulación me suena a un chiste o a una tragedia y añado mis deseos a los que andan en ese tema.
Fin de nota.
Sin nada que aportar.

lunes, 14 de enero de 2013

A Desalambrar del domingo 13


Los que ellos odian.

 
Los que ellos odian,
Que no empezaron a odiar
Hoy, ni ayer, que seguirán odiando mañana.
Los que pisaron la tierra
Y gritaron libertad,
A los que les daban siglos
Con tal de que no pasara ná.

Los que ellos odian,
Las manos rotas,
El rostro curtido,
La camisa blanca,
Los que gritan libertad.

Los que ellos odian,
Los que cambian la r
Por la l,
Los que ellos odian
Por ser no más.

Los que ellos odian
Bandera en alto
Rodilla en tierra
Verso en boca,
Libertad en puertas.

Los que ellos odian
Y odiarán.

lunes, 7 de enero de 2013

¿Cómo se interpreta la Constitución?
Reflexiones sobre el artículo 231 y relacionados
MgS. Ana Cristina Bracho.
Abogada.
Especialidad en Derecho Público y Derechos Fundamentales.

En los últimos días son muchos los amigos y muchas las amigas que se han acercado cargados de dudas y curiosidades sobre cómo interpretar el artículo 231 de la Constitución bolivariana. Aquello es motivo de alegría para cualquier ius publicista, aunque despierta la actitud de celo que todos y todas guardamos hacia la materia que sentimos nos pertenece.
Con ésta motivación me dedico a escribir estas líneas a modo de pequeño compendio de lo que enseñaba en mis días de profesora para responderles  las interrogantes que comparten opositores y chavistas.
Al fondo del asunto del artículo 231
Todos los medios hablan del artículo 231, pero olvidan que éste no es más que eso, un artículo. Una conexión de palabras que contemplan una idea encerrada en un sistema. Aquello si viéramos a una persona, se trataría de un dedo, de un ojo, o de un cabello. Un ente que se puede ver de manera individual pero que no funciona sino está conectado a un sistema superior, y digamos que es el dedo, primero conforma la mano de la que depende y a la que le da utilidad y luego se conecta con el todo más grande que es el organismo.
El artículo 231, es así una partícula de las que determinan cómo se ejerce, en específico, como se empieza a ejercer el rol de Presidente o Presidenta de la República Bolivariana de Venezuela. Aquella idea, de que el año empieza en una misma fecha tiene como función facilitar la buena gestión administrativa, decirle al Consejo Nacional Electoral cuándo –en un margen abierto- ha de llamar a elecciones y contiene una de las características de los Estados modernos, el Poder Público que es único se divide en funciones que recaen en distintos poderes que juegan entre ellos a la colaboración y al contrapeso.
Es decir, en virtud del artículo 231, nadie es o deja de ser el Presidente de la República, aquello se decide en las urnas, donde a través del sistema que diseña el Poder Electoral, los ciudadanos venezolanos y las ciudadanas venezolanas deciden quién ejercerá la Representación del País, la dirección del Poder Ejecutivo y el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
Es por ende, el artículo 231, uno de aquellos que sirven para permitir la articulación y el movimiento de los procesos fundamentales del Estado. Uno que dice el cómo pero no el qué. ¿Qué pregunta responde aquél artículo? Cuándo y de qué forma comienza un ciudadano venezolano electo como Presidente a ejercer la función. Incluso, debemos recordar para qué sirve aquello, pues mediante la elección el Pueblo hizo de ése ciudadano el Presidente y mediante la Proclamación el Poder Electoral lo confirmó como ganador.
Entonces, el artículo 231 sirve para demostrar la articulación del Poder Público, de recordarle al Presidente la sumisión a la legalidad y la colaboración  que ha de mantener con los demás poderes. Por ello, el constituyente le pide al Presidente Proclamado que se acerque a la sede del Poder Legislativo, y en su defecto, a la sede del Poder Judicial.
Una de las preguntas que me plantearon iba en el sentido de establecer que diferenciaba la Toma de Posesión del Presidente de la República al acto del día 05 de enero, donde la Asamblea Nacional en cumplimiento del artículo 194 de la Constitución eligió de su seno a un Presidente y a un Vicepresidente y a una Vicepresidenta. Pues éste es un buen ejemplo para ver que el artículo 231 contiene un elemento de forma y no fondo, y por eso el Vicepresidente Maduro se refiere a él refiriéndose a que son formalidades.
Pues, el día de la Toma de Posesión, a diferencia del momento donde se conforma la Junta Directiva de la Asamblea Nacional no se elige nada, pues ya se sabe quién ocupará el rol que es quien fue electo para tal efecto, y tan sólo el Presidente toma juramento, como en el momento final de la sesión que presenciamos el sábado.
Es entonces, donde debemos aplicar varias reglas, que la primera nos ordena la lectura del artículo en el sentido que indican las palabras que le conforman y la conexión que mantienen.
Les propongo, leerlo juntos a continuación viendo así que indica que “el  candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional.” Vamos a detener el análisis en este punto para observar que si esta es la regla general, ha conocido excepciones.
El hecho que el derecho establezca reglas generales que tienen excepciones ocurre todo el tiempo en todas las materias, y nuestra historia constitucional reciente nos muestra como en el año 2000, cuando nació la Constitución, el Presidente de la República se juramentó en el mes de agosto de aquél año, y un ejemplo malo pero que existió, fue cuando el presidente de facto Pedro Carmona, tomó posesión en el mes de abril de 2002.
Seguimos leyendo: “mediante juramento ante la Asamblea Nacional”, es decir que todo lo que ha de hacer el Presidente de la República el diez de enero es jurar, como ya lo ha hecho, que en el período 2013-2019 cumplirá de manera estricta las obligaciones que le impone la Constitución y la ley en resguardo de los supremos intereses de la Patria.
Es cuando se observa que la Constitución misma reconoce que puede haber motivos sobrevenidos y señala que puede tomar posesión ante el Tribunal Supremo de Justicia, sin indicar ésta vez la fecha pero si ante quién ha de juramentarse.
En este momento, es que retomo la idea del artículo 231 como parte de un sistema, tanto porque en el supuesto en el que estamos viviendo entran en juego la consideración de varios otros artículos, como porque esos artículos están estructurados de una manera que obedece a la idea de conformar una sociedad y un sistema político determinado.
Desde éste punto de vista, primero hay que observar que como si se tratase del cerebro o del corazón de la Constitución ésta se inicia en la consagración de Principios Fundamentales que se leen  con un Preámbulo que señala hacia donde hay que interpretar la Constitución.
Pues si antes dijimos que leeríamos la norma por sus palabras y lo que significan aceptamos que al artículo le faltó un “punto y seguido” para responder qué hacer en el caso que estamos viviendo. Lo que tampoco es raro porque la predicción del legislador ni del Constituyente es capaz de prever todo lo que puede ocurrir, como la enfermedad de quien ha sido electo y proclamado como Presidente.
Es entonces, la pregunta, no el artículo 231, sino cuál es el artículo con el que ha de ser puesto a jugar para dar la respuesta a lo que el país está enfrentando.
Es evidente que ese es el punto en el que se bifurcan las opiniones, pues la oposición busca hacer valer la tesis de la falta absoluta, y los partidarios del Presidente Chávez, la negación de éste supuesto.
La tesis de la oposición
La oposición busca la aplicación del artículo 233 de la Constitución Nacional que habla de la falta absoluta, tesis que genera cómo consecuencia que tome el cargo de Presidente interino de la República, el Presidente de la Asamblea Nacional para llamar a elecciones en 30 días. Pero para aquello es necesario que exista la falta absoluta.
Pongamos que la falta absoluta se parece al despido, pues es el fin de la relación del empleo del Presidente, es decir que deja de ser el Presidente. Sin tener que halar mucho la lógica esto significa que se anula la voluntad expresada en las votaciones del pueblo venezolano, por ende, para que esto ocurra tiene que pasar algo de extrema gravedad y seguirse un procedimiento que instaura la Constitución.
¿Qué ha de pasar? Que el Presidente muera, renuncie, sea destituido, incapacitado o su mandato sea revocado. Supuestos que ninguno ha tenido lugar. Por ende, para que esto sea posible tienen que incapacitar al Presidente, lo que tampoco se logra por la mera voluntad pues el Constituyente protege que quien fue electo por el pueblo sea quien asuma.
¿Cuándo se da la incapacidad del Presidente? Esto es fácil de entender si pensamos en nuestras relaciones de trabajo. No basta con que yo me sienta enferma para que el Seguro Social me incapacite y me pensione, sino que siga una serie de pasos de chequeos médicos y opiniones médicas para que de estar enferma pase a estar incapacitada. Cuando se es Presidente o Presidenta esa declaratoria exige ser “certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional.” Quedando la posibilidad que sea declarada por la Asamblea Nacional el abandono del cargo.
Pero todo aquello no se da por el antojo majadero de algunos actores, sino a través de la votación favorable de la mayoría de los Parlamentarios y Parlamentarias. ¿Por qué? Porque esos son elementos de nuestra democracia que si tiende a lo participativo sigue teniendo elementos representativos y la Asamblea Nacional es la reunión permanente de los factores que hacen vida política nacional, en la proporción que el pueblo quiso que aparecieran.

El supuesto al que nos acercamos
Si algo no puede detenerse es el paso del tiempo y así nos vamos acercando al 10 de enero, donde serán tomadas las decisiones por parte de la Asamblea Nacional que indiquen el rumbo que seguiremos. Esta decisión recaerá primero en la Plenaria, donde podrán optar por la aplicación del artículo 234 y otorgarle el tiempo que le queda para que el Presidente cumpla el permiso de falta temporal por noventa (90) días que ella le otorgó, y luego, de ser necesario, extenderlo, noventa (90) días más, y que se decida la fecha donde tomara posesión el Presidente; o, aquello que decida la Plenaria, e intérprete y autorice el Tribunal Supremo de Justicia.
No es mi rol, de simple comentarista, entrar en el juego político que no me corresponde, sino el recordar que son varios los artículos los que pueden jugar y que no podemos permitir que nos fijen la vista en lo que es un punto de un escenario más amplio.
Ahora bien, como vengo insistiendo y cómo es la pretensión de éste artículo, existen maneras y sujetos responsables de interpretar la Constitución e interpretar no es opinar, es mucho más que esto y debe responder a una visión donde la Constitución no es un compendio de 350 artículos sino “la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico.”
Siempre en la interpretación jurídica hay supuestos que sopesar. Por ejemplo, un juez al que dos padres le plantean que quieren la custodia del hijo. Ambos, en principio tienen derecho a tenerlo, y cómo si sólo uno puede tenerlo.
Eso, en el mundo más complejo del derecho público, se repite. Para escoger el camino deberán los llamados a hacerlo seguir las indicaciones precisas del Preámbulo de la Constitución y aplicar los principios fundamentales, defender así la Patria y los intereses colectivos e individuales. Hace unas líneas quise insistir en que el Poder Público es uno y que la relación que mantienen sus partes es de colaboración y de contrapeso. Es decir, quiero negar que la constitución plantee la separación y la competencia entre los poderes. Por ende, ha de guiar a quienes interpreten, el respeto de la soberanía popular, la defensa de la soberanía nacional y sobretodo la búsqueda de la alternativa que favorezca al Estado venezolano y le permita alcanzar los fines que se planteó cuando se refundó la Constitución.
Es en cierto modo eso lo que planteo en estas líneas, la defensa de la claridad de la visión versus la miopía que pretende que sea pandemia. No existe una sola lectura y ellos van hacia la que es a la vez la más engorrosa y la que les favorece en detrimento de la mayoría que prefiere que el Presidente Hugo Chávez siga al mando del Estado venezolano.
A ese respecto, las declaraciones del Presidente no se constituyen en su renuncia que habría de ser oficializada, sólo en un acto de previsión. No significa que ocurra lo previsto en el artículo 233, sino que podría llegar a pasar, y lo que no puede ocurrir es que se violenten los procedimientos y se respete que a su pesar las decisiones que quieren imponer exigen una mayoría parlamentaria que no tienen, ni van a tener.
Es aquí un campo en el que hay que distinguir la opinión personal, de la postura política y de la interpretación jurídica. Lo que no significa que una persona no pueda formarse una opinión personal sobre lo que considere conveniente, ni sobre lo que dice la norma. Por el contrario, estos son momentos en que nos encontramos invitados e invitadas a conocerla y opinar sobre ella. Esta es la naturaleza de la democracia.
En ese ejercicio, el de la opinión personal y de la postura política se inscriben las declaraciones del Vicepresidente Nicolás Maduro y del Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, a quien le corresponderá la responsabilidad de activar frente al Poder Legislativo los mecanismos que deban aplicarse en virtud de la norma y de la realidad política. La interpretación que es el arte de aclarar normas oscuras, llenar vacíos entre líneas y entre artículos, es una actividad que le corresponde al Poder Judicial,  mientras que leer la Constitución y tomar una postura es derecho de todos y de todas.