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jueves, 31 de enero de 2013

Lydda


Conocí a Lydda una mañana sentada en una esquina del Palacio de los Cóndores, tenía una manta, un cabestrillo, una mirada gacha y al verme soltó una sonrisa.  Estaba en esa andanza de ir a burlarse de las formales reuniones a las que se convocan los escritores en decadencia y al verme sabía que era la hija de Pedro, el que le escribió un poema. A ella, que no cabía en su pueblo.
Lydda era una presencia enorme una mirada que no se olvida. Antes de ese día era la mamá de Mirna, la alumna de mamá que se sentaba en risas en la sala de la casa y que se perdía en las veredas cuando mi papá la dejaba en San Jacinto, y era la esposa de José, sonriente, delgado, con unos ojos que recuerdo con una claridad absoluta, como la paz que da la conciencia limpia y el alma pura.
Lydda volvía cada tanto a los espacios que pisaba y llenaba de humo el homenaje a Gustavo Colina, iba de la mano de la Gocha en aventuras tremendas como el ponerse a la orden de Chávez para encarar el Ministerio del Desastre.
Lydda era la que me halaba al baño para compartir alguna locura en los atrasos y en las pausas de los recitales y me decía, “entonces, muchachona dejemos a los viejos y vámonos”.
Lydda, hoy que no es su cumpleaños ni el aniversario de su muerte sigue siendo Lydda.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Mis tardes con Margueritte: Una película para una noche tranquila

Fue un golpe de suerte conseguir en la Feria del Ateneo de Caracas -este año en el Macaracuay Plaza y con poco que ver- una de mis películas favoritas, la tete en friche, cuyo título tradujeron como "Mis tardes con Margueritte" y que se apunta en mi nueva afición de fin de semana: servirme hasta el cansancio de mi querido blu ray, que adquirí casi por obligación al ver los precios del cine en Caracas.
Quizás es que en el fondo aspiro una vejez como Margueritte o mi vida se encuentra acompañada por personajes como Gérard, con los que poco logro compartir el mundo de imagenes que me puebla, poco importa. Así como va el encuentro, les extiendo la invitación para que si husmeando entre pasillos de películas de cine extranjero la encuentran no la dejen de ver.