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jueves, 21 de febrero de 2013

Morirse de nuevo


A cuestiones del orgullo,
De la necesidad de brillo,
A cuestiones de ninguna importancia,
Le he sacado punta con sangre y frío.

Acompañada de ese ruido,
Del frenazo justo antes del demasiado tarde,
Del boleto que dejé perder
De las cosas que no tuve,
La casa que no compré,
Al hijo que no se engendra,
Al vientre que no florece,
Le saqué un brillante diploma
Un tratado a punta de estupidez.

Nada que fue, nada que haya sido
Cambia el sabor a carretera
A baño impúdico e infecto
De éste tiempo.

A la larga el crisol se cubrió de mierda
Lo mismo el rezo que la esperanza del mundo nuevo,
Lo mismo el patán que me cambiaría cien veces
Que el que nunca me cambió
Que las amigas que me sentenciaron a la distancia.

Lo mismo para lo mismo
Repetido por mil veces
Me despierta con tambores de arrechera
Que callo mirando la cuenta que baja
El tiempo que pasa, las predicciones que espantan.

Devaluado mi potencial de llegar a ser la gran verga,
Me conformo con esta puta vida de escupitajo,
Esa que no se mira en teatros,
La que omite explicar la soledad de la rutina
El filo del hilo que sostiene la cordura.

Al cabo todos los sábados firmo la condena,
Al cabo todos los lunes renuevo las esperanzas
Al cabo el jueves es el día del espanto
Y el viernes pasa por pasar y nada más.

Y mientras, tan sólo corro entre cosas que pueblan la nada
Tengo una cajita llena de colores,
Tengo un libro que describe lo que me falta
La incapacidad de entender lo ya entendido,
Tengo la rabia de empeorar mi suerte,
La condena de andar sin levantar la cara.

Con el tiempo ya nadie ha visto que alguien me vea
Acepto con estupor el ruido con el que amanece,
La nariz cubierta hasta no poder y los ojos de lágrimas ausentes.

La puta noche que me entretuvo la idea,
El desasosiego de tener que esperar hasta nunca
La llegada de lo eterno.

Una agenda de descalabros
Una promesa que no sube la esquina
¡Tantas veces hay que reiniciar la misma máquina!
¡Tantas veces hay que morirse de nuevo!

Escuchar la misma música
Sentir la misma soledad
Ser la misma que nunca he sido,
Morirse de nuevo, llegar a la hora,
Conjugar un verbo, escoger la nada por la nada,
Morirse de nuevo.

jueves, 31 de enero de 2013

Lydda


Conocí a Lydda una mañana sentada en una esquina del Palacio de los Cóndores, tenía una manta, un cabestrillo, una mirada gacha y al verme soltó una sonrisa.  Estaba en esa andanza de ir a burlarse de las formales reuniones a las que se convocan los escritores en decadencia y al verme sabía que era la hija de Pedro, el que le escribió un poema. A ella, que no cabía en su pueblo.
Lydda era una presencia enorme una mirada que no se olvida. Antes de ese día era la mamá de Mirna, la alumna de mamá que se sentaba en risas en la sala de la casa y que se perdía en las veredas cuando mi papá la dejaba en San Jacinto, y era la esposa de José, sonriente, delgado, con unos ojos que recuerdo con una claridad absoluta, como la paz que da la conciencia limpia y el alma pura.
Lydda volvía cada tanto a los espacios que pisaba y llenaba de humo el homenaje a Gustavo Colina, iba de la mano de la Gocha en aventuras tremendas como el ponerse a la orden de Chávez para encarar el Ministerio del Desastre.
Lydda era la que me halaba al baño para compartir alguna locura en los atrasos y en las pausas de los recitales y me decía, “entonces, muchachona dejemos a los viejos y vámonos”.
Lydda, hoy que no es su cumpleaños ni el aniversario de su muerte sigue siendo Lydda.

lunes, 14 de enero de 2013

Los que ellos odian.

 
Los que ellos odian,
Que no empezaron a odiar
Hoy, ni ayer, que seguirán odiando mañana.
Los que pisaron la tierra
Y gritaron libertad,
A los que les daban siglos
Con tal de que no pasara ná.

Los que ellos odian,
Las manos rotas,
El rostro curtido,
La camisa blanca,
Los que gritan libertad.

Los que ellos odian,
Los que cambian la r
Por la l,
Los que ellos odian
Por ser no más.

Los que ellos odian
Bandera en alto
Rodilla en tierra
Verso en boca,
Libertad en puertas.

Los que ellos odian
Y odiarán.

miércoles, 2 de enero de 2013

La esquina


Yo no vengo buscando nada.
Nada traigo ni confieso tan sólo me quedo arreguindada
Del borde de los sueños como se cuelgan las hojas que se niegan
A la gravedad, al otoño, a la sequía.

Yo no vengo para justificarme
Cuando murió Nelly dejé de entender el cáncer,
Cuando siguió manchando gente, comencé a odiarlo
Y como las cosas que son parte de la vida,
No me quedó nada sino la impotencia de la ciencia médica
Con teoremas y anatomías y pocas garantías.

Cuando Chávez enfermó
Yo recorrí los bosques húmedos
Los miedos profundos,
Los juramentos.

Juré por todas las cosas a cambio de un milagro.
Juré por todas las cosas a cambio de la esperanza.
Juré por todas las cosas a cambio de un retroceso.

Cuando el cáncer volvió,
Cuando ya pisaba el cuerpo de Rebeca,
Cuando los obeliscos del dolor se perdían
En el deber seguir por seguir siguiendo,
Cuando las miradas se hacían extrañas
Y los ruidos perversos,
Cuando el cáncer volvió,
Inventé un nuevo trueque,
Miedo por esperanza,
Mi fuerza por estrellas,
Mi fuerza por el impulso de su alma,
Pero no pude evitar sufrir de golpes
en violenta permanencia
Mi incomprensión de sus batallas.

Cuando la ciudad se cierra
Sobre los cielos que cuentan
Cuando los versos son esquivos
Cuando cumplen años muertos los amigos vivos,
Cuando el poema de Lydda es tan cercano como su risa,
Cuando soy más poeta que otra cosa y menos cosa que cualquiera.

Cuando quiero robarme su genialidad
Y gritar que no me basta con ser huera mujer
Ni florero chino, ni globo de los deseos.

Cuando poco queda más que un verso tonto
Cuando quisiera la imagen de la fotografía
Cuando escucho por dentro la profundidad de la guitarra
Cuando quiero ganarle la apuesta
Al deber de seguir el movimiento
De las pautas marcadas por la sociedad
Y sus rutinas.

Cuando se escuchan lejos los tiros huecos
De los asesinos en serie y la soledad que alucina
Cuando se apuesta por escenarios pesados
Yo sigo aquí aireando mi esquina.